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Con el paso de los años el cuerpo cambia, algunos órganos funcionan más lentamente o pierden funcionalidad y aumenta el riesgo de enfermedades tales como la diabetes, la obesidad, las enfermedades cardiovasculares, etc. Pero el envejecimiento también se nota por fuera.
La piel es uno de los órganos en los que es más visible el paso el tiempo. La piel pierde agua, por lo que es más fina, menos elástica y aparecen arrugas, manchas y más riesgo de lesiones. Por eso es muy importante cuidarla de forma adecuada. La piel está en contacto directo con el entorno, por lo que debemos procurar una higiene adecuada.
Lo más recomendable es utilizar jabones neutros sin exceso de perfumes aplicados con una esponja suave. Una vez aplicado, aclarar y secar la piel dando pequeños toques con una toalla suave y sin frotar. Secar bien sobre todo las partes en las que puede quedarse el agua retenida como los pliegues o los huecos entre los dedos, ya que un exceso de humedad puede provocar la proliferación de bacterias y las infecciones. Para preservar la capa protectora de la piel y reducir la aparición de sequedad o arrugas hay que mantenerla hidratada utilizando cremas o aceites hidratantes adaptados tanto al tipo de piel como a las diferentes partes del cuerpo. Por ejemplo, la crema utilizada para hidratar el cuerpo será diferente de la aplicada en la cara o en el contorno de ojos, ya que cada una de estas está especialmente formulada para proteger las diferentes zonas. En este caso también se recomienda utilizar cremas que no contengan perfumes en exceso y que proporcionen sobre todo agua para hidratar la piel. Además se recomienda usar cremas o productos exfoliantes no agresivos para eliminar las células muertas y limpiar los poros para lucir una piel luminosa.
En cuanto al uso de perfumes y maquillaje, se recomienda no abusar de su uso para evitar obstruir los poros, lo que favorece la aparición de manchas, granos y un aspecto menos saludable. Se debe limpiar y desmaquillar la piel de la cara y el cuello antes de acostarse para que pueda “respirar”.

 
 
 

Uno de los factores que más dañan la piel es el sol. Debemos protegernos del sol durante todo el año, a pesar de que no lo veamos, ya que favorece la aparición de manchas y arrugas, provocando el envejecimiento prematuro de la piel. Hay que evitar la exposición al sol siempre, pero sobre todo en verano y en las horas centrales del día, porque es cuando más vulnerable es nuestra piel a la deshidratación y las quemaduras. Se deben aplicar cremas con protección solar alta cuando se esté al aire libre y reponer la crema frecuentemente para mantener el efecto protector. Además, las prendas de ropa como los sombreros te ayudan a proteger la piel de la acción directa del sol.
El humo del tabaco y la contaminación también te dañan por fuera. Ambientes muy contaminados impiden que la piel “respire” y se oxigene de forma adecuada, lo que le da un aspecto más envejecido. En cuanto al humo del tabaco, varios estudios relacionan fumar con la aparición de arrugas, manchas y con un rostro y manos con aspecto envejecido debido a los radicales libres que se forman. Por todo ello se debe evitar fumar.

 
 
 

El simple hecho de respirar provoca la formación de radicales libres, sustancias que dañan los tejidos haciendo que se deterioren y por tanto producen envejecimiento. A través de la alimentación podemos consumir antioxidantes de forma natural que ayudan a revertir estos procesos haciendo que el deterioro sea más lento. Los nutrientes con mayor poder antioxidante son las vitaminas A, C y E. Podemos encontrar la vitamina A en las zanahorias, la calabaza o el huevo; la vitamina C en el tomate, el pimiento, el kiwi o la naranja; y la vitamina E en frutos secos y en el aceite de girasol. Se recomienda la ingesta de alimentos ricos en estas vitaminas para evitar la oxidación.
Minerales como el selenio tienen también un poder antioxidante muy potente. Este nutriente se encuentra en pescados y mariscos, en cereales, carnes rojas, levadura de cerveza y germen de trigo entre otros.
Otras sustancias antioxidantes que se encuentran de forma natural en los alimentos son el licopeno, pigmento que colorea los tomates o los polifenoles del vino tinto, en concreto el resveratrol, por lo que una copa de vino en las comidas puede resultar positivo siempre que no haya contraindicación en su consumo. Además, alimentos como el té verde se han usado desde tiempos ancestrales para aumentar la longevidad por su contenido en antioxidantes.
Varios estudios han comprobado que los ácidos grasos omega 3 frenan el envejecimiento celular, por eso la Asociación Médica de Estados Unidos recomienda aumentar su ingesta como terapia antiaging. Alimentos como los pescados azules (salmón, atún, caballa, sardina, etc.) y los frutos secos son ricos en este tipo de ácidos grasos.
A medida que pasan los años disminuye la masa o densidad ósea, ya que los huesos pierden calcio y otros minerales. Para evitar que los huesos se vuelvan frágiles y más propensos a las roturas hay que tomar el calcio suficiente durante toda la vida y especialmente cuando llega la mediana edad. Los lácteos (leche, yogures, queso, etc.) son los alimentos más ricos en calcio, además otros alimentos como los frutos secos, las legumbres o los alimentos enriquecidos completan el aporte de calcio.
El aceite de oliva es conocido por su valor gastronómico, pero además por sus efectos positivos para la salud. Este efecto saludable se produce también en el envejecimiento, ya que se ha demostrado que disminuye el estrés oxidativo y protege el corazón debido a los antioxidantes que contiene.
El agua es la mejor bebida. Es necesario beber agua para vivir, pero además para vivir más y mejor, ya que el agua actúa en muchas de las funciones celulares, además es necesaria para eliminar los desechos del organismo. Hay que beber unos 8 vasos de agua al día, combinando su consumo con el de otros líquidos como zumos naturales o caldos.
Seguir una dieta baja en calorías “rejuvenece”, tal y como han mostrado diversos estudios. Una alimentación variada y equilibrada rica en frutas y verduras, cereales integrales, lácteos desnatados, carnes bajas en grasa, pescados, huevos, legumbres y frutos secos parece ser la mejor opción para mantenerse joven y saludable. Por otro lado, se debe evitar tomar grasas saturadas y azúcares en exceso. Asimismo hay que evitar las frituras o los guisos con excesiva cantidad de grasa y elegir técnicas de cocinado como la cocción, el cocinado al vapor, el asado o la plancha.

 
 
 
 
 

Además de cuidar la piel con cremas hidratantes, aplicar mascarillas naturales mantiene la piel limpia y tersa proporcionando un aspecto joven. Puedes probar la mezcla de yema de huevo y aceite aplicada durante 30 minutos o colocar rodajas de pepino o tomate en los ojos para hidratar el contorno de ojos y reducir las bolsas.
Las actitudes sociales y el optimismo ante la vida son aspectos de la personalidad que resultan rejuvenecedores. Asimismo las inquietudes, el interés por la cultura y por el mundo que nos rodea favorece la actividad física y mental, retrasando el envejecimiento. Las actividades al aire libre en ambientes naturales permiten respirar aire puro. Nada como un paseo por la montaña o en un parque alejado del bullicio para relajarse, hacer ejercicio y rejuvenecer tanto el interior como el exterior.
Un correcto descanso es otro de los pilares de la terapia antiaging. El sueño es necesario para que el cuerpo se recupere de las actividades diarias y poder empezar un nuevo día a pleno rendimiento. Dormir entre 7 y 9 horas al día proporciona un descanso físico y mental que se nota por dentro y por fuera.
Una falta de actividad física acelera el envejecimiento y sus consecuencias. El ejercicio físico practicado de forma regular y de forma adecuada como terapia antiaging es mejor incluso que la alimentación. Ayuda a mantener o recuperar las capacidades motoras y funcionales de la persona. Caminatas a paso ligero, natación, pilates, ejercicios de estiramientos, equilibrio o coordinación son ideales para permanecer joven y sano por más tiempo.
Hábitos poco saludables como fumar o el consumo de alcohol favorecen la oxidación y muerte celular, por lo que en personas fumadoras o alcohólicas se produce un deterioro que promueve el envejecimiento prematuro. Además de los daños que produce en el organismo, el humo de tabaco afecta a la piel de la cara y las manos, proporcionando un aspecto más envejecido. Adicciones a las drogas también empeoran el aspecto físico, deterioran la dentadura y aceleran el envejecimiento. Recuerda, “Al final, lo que importa no son los años de vida, sino la vida de los años”- Abraham Lincoln.